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Grandes empresas tecnológicas como Samsung o Google dan herramientas para consolidar la revolución digital en los colegios

Parece una clase normal, pero ya no se trabaja con libros. Los pupitres de madera son los de siempre, aunque les faltan las marcas de los cuadernos. Sí se conservan los bolígrafos y la pizarra, pero ahora son digitales. Los niños parecen tranquilos ante el cambio: escuchan y apuntan concienzudos en sus tabletas. ¿Os ha costado dejar de usar libretas? «No, porque nos fuimos adaptando poco a poco, no de golpe, y así es más fácil», explica Mateo, de 12 años, del colegio público Isabel la Católica de Madrid. Este centro es uno de los 32 que se han integrado en el proyecto Smart School de Samsung que distribuye de forma gratuita tabletas y pizarras interactivas. Participan alrededor de 2.500 alumnos de 15 comunidades autónomas. Y esta es solo una de las iniciativas. Google ofrece un programa gratuito para colegios, Google Classroom, con el que ofrecen herramientas y contenidos digitales para gestionar las clases y potenciar la innovación. El objetivo es común: impedir que los colegios españoles se queden atrás en la revolución que la tecnología e Internet está llevando a las aulas.

«La mayoría de nuestros centros no ha cambiado nada en dos o tres siglos. Allí se están formando los profesionales del futuro, así que tienen que estar adaptados a las necesidades actuales», considera Arturo Cavanna, director de innovación y desarrollo tecnológico de la editorial Edelvives que participa con Google en varios proyectos. Esta adaptación debe apoyarse en varios pilares: la conectividad a Internet, la formación tecnológica de los profesores y una metodología en la que estén bien integradas las nuevas herramientas. La valoración general es que la transformación va por el buen camino, pero que todavía está lejos de consolidarse. «La escuela digital en España está despegando, pero hemos dado un cambio brutal desde hace dos años», considera Cavanna después de haber visitado más de 3.000 centros.

A los expertos no les queda ninguna duda de que esta transformación digital es necesaria. No se puede aplazar más. El principal objetivo es que los niños aprendan a manejar desde pequeños las herramientas con las que van a tener que trabajar en el futuro. Pero además de la necesidad, todos los expertos ponen de relieve algunas de los beneficios que la tecnología supone para la educación: trabajo más colaborativo, atención más individualizada, mejora de la autonomía y sobre todo, alumnos más motivados.

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